Hay retos que parecen sencillos hasta que te enfrentas a las leyes de la física en el set. En esta sesión de still life, el eje central de la narrativa era el volumen, el juego cromático y el dinamismo de los ingredientes dentro del bowl.
El verdadero desafío técnico de la jornada consistió en desafiar la gravedad del producto: desarrollar y aplicar diferentes técnicas para conseguir que los cereales se mantuvieran suspendidos en la superficie de manera prolongada.
En rodajes o sesiones de fotografía gastronómica, el factor tiempo juega en contra de las texturas crujientes. Lograr que cada pieza conserve su volumen, su forma y su aspecto impecable sin hundirse ni ablandarse antes de la toma definitiva requiere una metodología rigurosa detrás de las cámaras. El resultado es una composición gráfica limpia donde la frescura del producto es la absoluta protagonista.
Fotógrafa: Julia Ramiro












